Martes 25 de Abril de 2017 - 07:39hs. - República Argentina Edición # 1656

Revista #46 Mayo 2011 > Politica Nacional

MACRI SE PARECE MUCHO A DE LA RÚA


Por Federico Martelli

 
Fanático de La Mancha de Rolando y del rock nacional, Amado Boudou (48) me muestra sus fotos con Andrés Calamaro y Bono como una especie de credencial que lo aleje política, cultural y socialmente de sus predecesores. 
Cuando uno llega al 5° piso del “Palacio de Hacienda” no puede evitar pensar en el fantasma de Pinedo, de Martínez de Hoz, de Áleman, de Alsogaray o de Cavallo. Hasta no hace mucho el ministro de Economía tenía tanto poder como el presidente, y no era para menos, mientras al primero lo ponían los grandes grupos económicos, al segundo las personas comunes.
Desde la ventana se ve Plaza de Mayo y pienso en diciembre de 2001 y en las miles de movilizaciones y actos en los que el ministro de turno era el más insultado. Hoy Amado Boudou crece en las encuestas y puede llegar a ser el próximo jefe de Gobierno porteño con el apoyo de la CGT, los movimientos sociales y la juventud. Si esto no es un cambio de época… díganme qué es. 
 
¿Como fue tu acercamiento al Kirchnerismo?
 
Yo había trabajado siempre en el sector privado hasta que llegué con (Sergio) Massa al ANSES y fue una experiencia muy buena ver todo lo que se podía hacer desde el sector público. Cuando llegué a la Gerencia de Recursos me entusiasmé más y busqué la forma de participar en política. Me fui dos años de secretario de Hacienda al Partido de la Costa y volví al ANSES. De ahí en adelante es todo conocido.
 
¿Qué sentiste el primer día como ministro?
 
Fue muy raro entrar en este despacho, había una vibración muy extraña; y rápidamente tratamos de descontracturalo; que sea más parecido a como nosotros interpretamos que es proyecto político, que es transformador, que no se casa con lo preestablecido, que tiene muy en claro que las realidades están para cambiarlas… y para empezar, cambiamos los muebles de lugar.
También había un formalismo muy grande con ceremonial y la custodia, y cambiamos todo eso.
 
¿Sentiste que en los pasillos había una melancolía de cuando el ministro de Economía era más importante que el presidente?
 
Me parece que eso Kirchner lo empezó a poner en su lugar. Desde el punto de vista institucional una cosa fuerte que hizo Néstor fue darle al Ministerio de Economía el lugar de una de las herramientas de la política, y no al revés, como era antes, donde la política era una herramienta del ministro de turno para hacer lo que quisiera.
Si uno ve lo que fue (Domingo) Cavallo con la Alianza, donde hizo lo contrario a lo que la Alianza decía, pone en evidencia el peso de los sectores concentrados y el Grupo Clarín sobre las decisiones. Todo eso Néstor lo empezó a cambiar y la presidenta le dio un vuelco definitivo. Este cambio es una de las cuestiones que más molesta al establishment. De ahí salió lo de Kirchner “almacenero”. Era una herramienta para el establishment contar con un ministro de Economía que hiciera más o menos lo que ellos querían. Ahora las decisiones se toman en Balcarce 50 y se ejecutan en el Ministerio.
 
Más allá de los aspectos superficiales, ¿les molesta el programa económico?
 
A la presidenta no le gusta hablar de programa económico, prefiere hablar de modelo político, económico y social. Modelo en el cual las decisiones que se van tomando son instrumentales y en el centro de las decisiones está la política. 
En Argentina se llegó a pensar que la convertibilidad era una política, cuando en realidad era un instrumento y cuando todo empezó a girar en torno a ese instrumento llegamos al 25% de desempleo, desindustrialización, fuga de capitales, y me parece que eso parte de la confusión entre lo que es un instrumento de lo que es una política.
Nosotros tenemos una política que es la de crecimiento con inclusión social y en distintas etapas, o bajo distintas circunstancias. Hay medidas que son funcionales a este modelo. Esto sirvió para tomar muy buenas decisiones. Hace cuatro años parecía que el control de capitales era una herejía, lo mismo pasaba con las reservas del Banco Central y hoy son los mismos empresarios que reconocen que han sido buenas medidas. Hasta Brasil ha tomado una medida de control de capitales.
Esto muestra que Argentina tuvo una transformación cultural y política que permitió empezar a pensar las soluciones desde nuestras necesidades y no desde las necesidades de los centros de decisión financiera. 
 
¿Qué medidas permitieron llegar a este punto?
 
La recuperación de los fondos de jubilación fue una medida que parecía imposible de tomar por lo económico y por lo político. Era una discusión que parecía no tener espacio para darla, sin embargo la presidenta tomó la decisión, lo instrumentamos y sacamos adelante la ley. Obviamente todo el establishment se opuso y hubo resistencia del sector financiero, sin embargo con el tiempo demostró que fue una medida que sirvió para sostener el empleo en momentos difíciles, para sostener el superávit fiscal y para que crezca el papel del Estado en la economía.
Lo mismo sucedió con la utilización de reservas excedentes. Hace poco más de un año vivimos circunstancias que desde lo político eran delirantes, como si las reservas del Banco Central fueran de algún funcionario o grupo económico. Finalmente demostramos no solo que se podía hacer, sino que fue una buena medida y hoy tenemos más reservas de las que teníamos en ese momento.
 
En este camino de recuperación del rol del Estado en la economía, ¿qué medidas van a ser necesarias para profundiza el modelo?
 
Ahora vienen otros desafíos, porque los sueños del 2003 se convirtieron en hechos. Entonces ahora hay que animarse a soñar otra vez y seguir avanzando con reformas como la del sector financiero que permita una mejor asignación de los recursos.
Sin dudas hace falta avanzar en el sistema impositivo y en varias medidas que permitan llegar al 50% y 50% de distribución entre los asalariados y el capital, y perforar la barrera del 7% del desempleo. 
 
No es común en la historia encontrar un ministro de Economía que pueda ver el país desde esta perspectiva. Esto te pone en un plano de valoración política muy alta, de mucho respeto del sector social y gremial…
 
Ojalá que esto sea así porque me gustaría ser recordado como parte del equipo que ayudó a transformar el país. Está bueno poder salir a la calle, ir a comer a un restaurant, ir a un recital y poder charlar con todo el mundo.
 
Esto te posicionó como candidato
 
Sería un orgullo poder representar a nuestro espacio político. Si pudiera tener la candidatura en la ciudad no sería un “yo” sino un “nosotros” en el cual somos muchos militantes trabajando con muchas ganas, con mucha humildad y es una experiencia espectacular que sin dudas se va a convertir a partir del 11 de diciembre en una experiencia de gobierno en un distrito que pese a tener mucho presupuesto tiene muchas falencias y se ha convertido en el distrito con mayor desigualdad de la Argentina y creo que eso es una desgracia para los que menos tienen y una vergüenza para los que más tienen.
 
¿A que creés que se debe el desastre de la gestión de Macri?
 
A un gobierno con ideas antiguas, pocas ganas de trabajar y poca capacidad de gestión. Cuando sumas estas tres cosas te da un desastre.
 
¿Cómo llegó al 60% en la segunda vuelta?
 
Por una gran expectativa de renovación. Me parece que como proceso político lo de Macri se parece mucho a lo de De La Rúa, porque había mucha expectativa depositada en un cuento; en este caso en el cuento de la gestión gerencial, la neutralidad ideológica y todo eso, que terminó siendo una gran mentira, porque demostraron que eran muy ideológicos, de una derecha que atrasa.
 
¿La inflación se puede transformar en un obstáculo para el modelo?
 
En un país que crece durante 8 años a tasas promedio del 7% claramente empiezan a aparecer tensiones en los precios. Esto tiene que ver con la lucha redistributiva y por cuellos de botella en algunas producciones estratégicas para el crecimiento. Esto se enfrenta con más inversión porque un proceso de inflación se podría aplacar con ajuste y enfriamiento de la economía, pero para nosotros es al revés, necesitamos que haya más argentinos que consuman más. No nos da miedo que la economía este caliente. 
Es necesario que la economía tenga niveles de actividad que vayan exigiendo la inversión, porque esta demostrado que el planteo por el lado de la oferta ha fracasado y es mentiroso. Es la mayor demanda desagregada la que tracciona y es lo que genera las certezas de inversión y eso potencia el crecimiento.
En definitiva, como en el caso de Cablevisión o Shell, queda en evidencia que hay sectores concentrados que quieren sacar ventajas en el corto plazo.
 
Son los que dicen que no hay clima de negocios
 
Eso es una tontería; son los que dicen estamos bien pero nos sentimos mal y con Menem decían estamos mal pero nos sentimos bien y se terminaron fundiendo. Forma parte del mediopelo que decía Jauretche, donde a algunos les gusta verse con los ojos con que los miran desde afuera y en realidad tenemos que vernos con nuestros propios ojos, porque qué importa ser del primer mundo si tenemos 25% de desocupación.
 
Sin embargo han logrado trasladar su punto de vista a un sector de las capas medias
 
Hay que ver… esta cambiando. Antes decían que con tres tapas de Clarín volteaban un gobierno. Hoy con un año entero de Clarín no te corren un ministro de Economía. Esto demuestra que hay poder político y que ya no pueden marcar la agenda y queda en evidencia que son el pasquín de un par de vivos.
 
¿Cómo ves el panorama político y electoral?
 
Este año se juega la historia económica y social de la Argentina, porque hay elecciones y los logros de estos ocho años pueden revertirse rápidamente si viene un Macri, un Alfonsín o un Sanz, porque cederían inmediatamente a las presiones, como hacen todos los días. 
Lo que necesita Argentina es votar a Cristina Fernández de Kirchner, consolidar el crecimiento y entonces si, en cuatro años más, vamos a estar en condiciones de decir que hemos concluido la primera parte de la tarea.
 
¿Creés que el principal desafío es institucionalizar los cambios?
 
Hay que institucionalizar el modelo pero las personas cuentan. Un tipo como Néstor Kirchner o una presidenta como Cristina hacen la diferencia por el liderazgo. No existen para mí los procesos sin líder, que toma decisiones y marca rumbos, incluso contra la corriente, porque como decía Kirchner la política no está para tener un millón de amigos.
 
También están los que le cuestionaban la pérdida de popularidad o de apoyo por llevar una determinada medida adelante
 
Si uno se fija la 125 fue un gran catalizador para la consolidación del Kirchnerismo porque planteó crudamente la diferencia entre dos modelos. En ese momento fue presentado de una forma falaz, pero convincente por los poderosos pero que con el tiempo se terminó convirtiendo en una bandera del cambio en Argentina.
 
¿Cuántas veces por semana te arrepentís del nivel de exposición y de responsabilidad que tenés?
 
Nunca. Creo que estamos viviendo un proceso político del cual estoy orgulloso y es una suerte ser parte de él. Me imagino un ministro de Economía antes de Kirchner por más que haya tenido las mejores intenciones el contexto era otro. 
No hacer olas, no cambiar nada, hacerle caso al FMI; en cambio nosotros tenemos la posibilidad de formar parte de este proceso de transformación por el cual Kirchner dejó la vida y la presidenta deja todo. Nunca podría decir “largo todo”. 

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