Domingo 26 de Marzo de 2017 - 09:56hs. - República Argentina Edición # 1626

Revista #25 Marzo 2009 > Politica Nacional

Proyecto nacional o restauración conservadora

En nuestro país, cada vez que damos un paso, la utopía no se aleja para que sigamos caminando, a decir de Eduardo Galeano. Nuestra utopía está a nuestras espaldas, y lo que busca es que nos demos vuelta, que miremos nuestro pasado, para encontrar nuestra identidad nacional, para empezar a caminar.


EDITORIAL

Por Juan Manuel Fonrouge

En la revisión crítica de nuestro pasado, de lo que fuimos, de lo que quisimos ser y no nos dejaron, es en donde encontramos nuestro futuro. No necesitamos centrar nuestras teorías en Chicago o en Europa, tenemos una historia corta, pero inexplorada, o sesgada por falsedades y ocultamientos, que nos espera para definir quiénes y qué queremos ser.

Porque una cosa muy distinta es lo que quieren que seamos –o sigamos siendo- para que estemos seguros en el “concierto de naciones”, que invocan como panacea, aún hoy, inmersos en la peor crisis internacional del capitalismo en 80 años. Nuestro destino para los sectores dominantes es el de ser un país exportador de materias primas y receptores del capital especulativo, un país pensado desde el puerto, desde la city porteña.

En esa utopía del pasado nos reafirmamos cada vez que un liberal, a raíz de una medida que fomenta el mercado interno, que prioriza el rol del Estado, o que recupera el patrimonio público, considera que nuestro país busca “entrar al túnel del tiempo y retroceder 50 años”, en sus dichos está nuestro futuro, y no nuestro pasado.

En la historia de videoclip que nos muestran los medios, 50 años es mucho. Para nosotros 200 años es poco. Una vez, al preguntarle a Mao Se Tung sobre la revolución francesa, respondió que era un suceso demasiado cercano para evaluar sus consecuencias. Sin dudas antes que comunista era chino, y sabía lo que decía.

El “destino manifiesto” y la Revolución de Mayo

Nuestro nacimiento como nación, no es precisamente motivado por un “destino manifiesto”, planteado por la filosofía nacional de EE.UU., que en nombre de un supuesto mandato divino, supo construir un sistema de ideas que le permitió, sin culpa y sin pausa, salir a conquistar territorios y pensarse como una nación superior, porque así Dios lo ha decidido.
            
En la esencia filosófica y doctrinaria de nuestra nación no encontramos un destino de opresión para las demás naciones, sino de liberación. No fuimos promotores de padecimientos en nombre de un protectorado colonial. En la lucha por nuestra independencia, los países vecinos no sufrieron a nuestro ejército, no fuimos invasores, fuimos en todo caso, parte de un proyecto emancipador que recorrió toda América, y donde fue frustrada la unidad continental, camino que hemos vuelto a retomar en el presente.

Y tanto la doctrina que motivó la razón de ser de EE.UU. como la de las naciones de América del Sur, fueron decisiones políticas, fueron formas de ver el mundo. Al igual que hoy, aunque algunos quieran dividir el mundo entre “modernos” y “atrasados”, para esquivarle el bulto a discusiones de fondo, de proyecto, que algunos queremos dar, y otros esquivan escondiéndose detrás de reduccionismos lingüísticos que tan bien quedan delante de las cámaras.  

Los “modernos” (¿cuál es la diferencia temporal que separa al neoliberalismo de cualquier otra teoría “estatista”, “socializante” o “populista” para que se autoproclamen como “modernos”? ¿Desde dónde empiezan a contar, desde Adam Smith, Milton Friedman, Alvaro Alsogaray? Me gustaría que algún editorialista de la “tribuna de doctrina” lo aclare, porque intuyo que el término “moderno” está cada vez más cerca de los que estamos del otro lado del mostrador) pueden engañar a su electorado, o a sus lectores, pero saben bien de  qué se trata.

No es más ni menos que de la necesidad de transformar una economía al servicio del capital, en otra dispuesta a colocar al capital al servicio de la economía, para revertir su connotación "colonial". Gobernar implica la posibilidad de una propia visualización del mundo y sus relaciones.


Planificación de la economía, federalismo y el desastre de Tartagal

En una clase a fines de los noventa, un profesor de economía política, al contrastar las diferentes teorías económicas, la liberal y las que plantean que la economía de un país se planifica –desde la socialista hasta la keinesiana- consideró que todas eran bien intencionadas en su génesis, y que en el caso de nuestro país, el problema de los liberales ha sido siempre su visión clasista, vinculada estrictamente a favorecer a las clases dominantes, donde la variable de ajuste siempre ha sido el pueblo. En el caso de los “intervencionistas”, nunca terminamos de saber cuál es el problema, porque cada vez que el quehacer gubernativo se centra en la planificación económica: en la defensa del trabajo y la previsión social, en la educación, la ciencia y la tecnología y en favor de la salud pública, la vivienda y el valor de los recursos naturales y su defensa por parte del Estado, la reacción es tan furibunda que termina en golpes de Estado.

La reforma financiera de 1946, que estatiza la banca y nacionaliza los depósitos, tuvo como objetivo propiciar un sistema crediticio al servicio de la producción. El crédito, entonces distribuido por el Estado, promovió el desarrollo industrial de la economía argentina, y aunque finalmente quedó truncado, la intención era que la industria se desarrollara de manera equitativa en las diversas regiones del país, en el marco de un "auténtico federalismo", como fue llamado por Perón.

El desastre de Tartagal, no es culpa de la naturaleza. Y esta afirmación va más allá de si la causa de la tragedia -ya que la forestación permite la absorción de precipitaciones- es el desmonte sistemático que sufre la provincia de Salta. Algo que debería terminar de aclararse, y que no alcanza con la Ley de Bosques, sino con leyes ambientales que permitan juzgar a personajes nefastos como el ex gobernador y ex candidato a vicepresidente de Menem, Juan Carlos Romero, por delitos ambientales.

El desastre de Tartagal es producto de un país sin desarrollo industrial sustentable, basado en un modelo colonial de saqueo de los recursos naturales, ejecutado por  empresas privadas, pero posibilitado por el poder político de personajes como Romero. Siendo una de las zonas más ricas de Salta, no existe planificación económica alguna. El Estado no sólo debe estar en las tragedias, o cuando debe socorrer al capital o a los productores, el Estado debe estar en la planificación económica, como única forma de terminar con la pobreza.

El alud de Tartagal no se produjo por la fuerza de la naturaleza, sino por liberar las fuerzas del mercado sobre poblaciones vulnerables, por años de opresión y pobreza. En Tartagal se aunaron las causas de la tragedia nacional, del país no federal.  

Buzzi, Morales Solá y la restauración conservadora

No, no voy a hablar una vez más de la relación del periodista y la dictadura militar, el dictador era con s. Me voy a referir a la posición de ambos actores en relación al proyecto del gobierno para que el Estado intervenga en la comercialización de granos, aún no definido en su forma y alcance.

En su editorial dominical del diario La Nación del 2 de marzo (prometo que será la primera y última vez que cite una editorial del procesista), el periodista plantea que el gobierno “(…) intenta cooptar a Eduardo Buzzi, porque la Federación Agraria propuso, en algún momento anterior al conflicto, la creación de un organismo moderno de centralización del comercio de granos (…)”. Pocas veces he visto combinar la ingenuidad propia del sentido común con la mala leche propia de alguien que le tiene fobia a cualquier atisbo de intervención estatal: ¿Alguien puede pensar que una medida de carácter estratégico como la nacionalización del comercio de granos, con todas las implicancias y complejidades que conlleva, puede ser en función de “cooptar” un dirigente?

Para finalizar, Morales Solá aclara su posición: “la Argentina debería apoyar las políticas de libre comercio (…) por el contrario, el discurso y los actos de los gobernantes argentinos se cifran en el aislamiento y en el proteccionismo más que en cosas genuinamente modernas”. Indudablemente, la lucha por el poder es también la lucha por la palabra.

Con las críticas a la posibilidad de que se nacionalice el comercio de granos, la mesa de enlace no hace otra cosa que demostrar que detrás del conflicto están las exportadoras de granos, como Cargill, General Deheza, Dow, Bunge, etc., ya no solamente por enfrentarse a las retenciones, destinadas a las exportadoras, y que éstas trasladan a los productores, sino por oponerse a una medida que, si este conflicto tuviese cierta lógica, deberían defender.
 
Lo que está en peligro en nuestro país no es el futuro político de un par de dirigentes. Lo que está en peligro es la posibilidad histórica de construir un proyecto de país a largo plazo. Del otro lado está la tilinguería en el chiquitaje político – mediático que, por ampliar su poder político, es capaz de alinearse hasta con la C.I.A.

La crisis internacional genera impedimentos, pero también oportunidades.
Quizás, nos acerquemos a la hora en la que se haga imprescindible para nuestra nación el afianzamiento de una economía mixta, donde la nacionalización de la banca y la profundización de crédito para industriales, productores, pymes y cooperativas, junto a la recuperación de los recursos naturales, permitan generar un desarrollo productivo sustentable y federal, que resuelva el problema de todos los argentinos, en el marco de la unidad latinoamericana.
 

COMENTARIOS (18)

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HS (ceronne: HS est Hari Seldon', pas Hors Service'), dices que est s deacuerdo con la eceisna de mi comentario. Pero despu s dices que por eso se necesita continuar con el sistema econ mico actual conocido con capitalismo. No lo entiendo. Yo creo justamente que el capitalismo ha CONTRIBUIDO a crear la desigualdad mucho m s que a sanarla. Llevamos al menos un par de siglos con l y desde casi cualquier punto de vista las diferencias sociales crecen Me parece a m que el capitalismo como tal esta agotado.La actitud a la mexicana de envidiar al pr jimo antes que admirarlo y tomar su ejemplo me parece a m un claro ejemplo de la mentalidad de un pueblo lleno de frustraci n, pero esta frustraci n es precisamente creada por lo que mencionas despu s: un inter s en hacernos ricos nosotros . No de das cuenta de que es precisamente ese deseo ego sta de hacernos ricos nosotros el que causa las diferencias sociales tan pronunciadas?

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