Domingo 20 de Agosto de 2017 - 14:27hs. - República Argentina Edición # 1773


FISCALES PIDEN JUSTICIA

Esto, que parece a priori un absurdo, sucedió ayer en la Argentina. Un grupo de fiscales, de dudosa procedencia (y dudosa es un gesto cordial), convocaron a lo que denominaron “La marcha del silencio.” Sí, es una tormenta de paradojas. Para pedir justicia por el fiscal Alberto Nisman que, no se sabe, se suicidó o fue asesinado, hace un mes.


Por Manuela Irianni

Vamos por parte: ¿Podemos imaginarnos a un grupo de panaderos marchando y pidiendo pan? ¿O la presidenta Cristina Fernández, seguida por todos sus ministros, marchando por más y mejor gestión? La verdad es que no. Pero vamos a ser bien pensados y partir de la base de que estos fiscales se sienten excedidos, consideran que el poder que integran verdaderamente no puede avanzar en la causa del fiscal Nisman y entonces se reúnen en las calles con el pueblo para hacer pública su preocupación.

Partiendo de esa base, aún queda el temita de la procedencia. Entre los que marcharon se encontraba el fiscal José María Campagnoli, quien el año pasado fue denunciado por el diputado Leonardo Grosso en el marco de la Campaña Nacional contra la Violencia Institucional. Se descubrió que el fiscal tenía un archivo ilegal con fotografías de unas 1500 personas, la mayoría pobres, la mayoría del Barrio Mitre. Unos 70 de estos vecinos se presentaron ante la Justicia para solicitar Habeas Data. Buenas parte de dichos ciudadanos encontró que estaban “fichados” por la cámara del fiscal.

Pero no nos detengamos tanto en José María. Que pase el que sigue. Otra de las concurrentes fue la diputada nacional Patricia Bullrich, quien, por nombrar tan sólo un hito de su historia reciente, fue quien le recortó (como ministra de De la Rúa) el 13% de su haber a los jubilados.

No faltó tampoco el fiscal Marijuan, el candidato de Sergio Massa a la Procuración General, recusado por la Procuradora Gils Carbó, quien considera que el fiscal condujo con “criterio sesgado” el caso por la creación supuestamente irregular de unidades fiscales especiales.

Y cómo olvidar a Raúl Plée, quien pide justicia cuando el mismo fue denunciado, en 2013 por el CELS, que indicó que el fiscal “dejó de impulsar la causa (AMIA) y la Cámara se resistió a fijar audiencia hasta que quedó en evidencia”. En criollo, cajoneó la acusación de los imputados por encubrimiento del atentado de la AMIA. Justamente la causa en el marco de la cual Nisman hizo su denuncia contra la Presidenta.

Es demasiado larga la lista de manifestantes que fueron a la marcha con su prontuario a cuestas y el lector puede continuar su propia investigación. Así que pasemos al próximo eje: el silencio. ¿Con qué criterio una marcha se jacta de ser silenciosa? Una manifestación popular, callejera, es lo más bochinchero que hay, porque de hecho se sale a la vía pública para decir algo, para hacerse escuchar. ¿O acaso los organizadores de la marcha instalaron de entrada el concepto del silencio para no arriesgarse a lo que sus manifestantes pudieran llegar a decir? Los últimos tiempos nos han demostrado que estas marchas opositoras no suelen tener consignas claras. Marchan por lo que sea, porque en definitiva marchan en contra de un gobierno que no soportan. Y entonces aparecen los típicos carteles de “Kretina” o “Néstor llevatela”, a los que nos tienen tan acostumbrados y que después son un escrache en las redes sociales.

Esta vez estuvieron astutos, como el mensaje suele ser golpista e impresentable, fueron por el silencio. Sin banderías políticas, sin consignas partidarias. Sólo mucha gente pidiendo justicia con un grupo de fiscales.

Por otro lado está la cuestión de la “independencia del poder judicial.” En este caso los fiscales se plantaron claramente en contra del gobierno nacional y aliados a ciertos sectores de la oposición. Al respecto, el ministro de Defensa, Agustín Rossi, declaró a Pag12: “Estos fiscales son los que después dicen que quieren una Justicia independiente, pero ayer se posicionaron claramente como opositores al Gobierno. Es una politización del Poder Judicial como nunca antes se había visto en la Argentina. A los ciudadanos que fueron con una motivación genuina y a la familia del fiscal Alberto Nisman les digo que no hay nadie más interesado que este gobierno en saber las circunstancias que rodearon la muerte del fiscal”

Ahora vayamos al tema del “homenaje.” La realidad es que no está probado que Nisman se haya suicidado o haya sido víctima de un asesinato. Si el caso es lo segundo, tiene sentido homenajear al hombre que, encausado por la patria, fue muerto a mano de los poderes ocultos. Ahora, ¿Y si se suicidó? ¿Cuál es el mérito que justifica el homenaje? Un fiscal, no avanza en la causa AMIA durante años, luego presenta una denuncia jurídicamente impresentable contra la Presidenta, se mata, y miles salen a hacerle un tributo. Es raro.

Un dato no menor es la composición etaria de quienes concurrieron ayer. Los más jovatos rondaban los 45/50 años. Esto no es ni malo ni bueno per se, es un hecho a contemplar, como lo hizo Hebe de Bonafini, quien advirtió: "Había que buscar a un joven con una linterna." Podemos, entre tantas cosas, preguntarnos, ¿Por qué este pedido de justicia no interpela a una juventud que en los últimos años se ha volcado abrumadoramente a la actividad política, militando causas de derechos humanos, igualdad de género, política de medios, entre otras cosas?

Así seguimos y llegamos al núcleo duro. ¿Cuál era el reclamo esencial? La policía metropolitana señaló, generosísimamente, 400.000 asistentes. La federal apuntó unos 60.000. Como sea, lo que sistemáticamente ha ocupado la atmósfera desde la denuncia a la Presidenta y la muerte del fiscal es la idea del juicio político, que hoy ha reafirmado la diputada nacional del PRO, Laura Alonso. Algunos mamarrachos hasta se escudaron en su impunidad para arrimar la idea de adelantar las elecciones.

Entonces, lo que está verdaderamente en juego, sostenido por la oposición, fogoneado por la marcha , y elaborado día a día por el sistema concentrado de medios, es la continuidad de las instituciones democráticas. Quieren instalar la idea del fin de este gobierno, antes de lo previsto, que es el 10 de diciembre de 2015. Pensar en golpes de Estado con mecanismos más modernos y vistosos que los de antaño no es una paranoia.  Es más bien tener en mente la historia reciente de América Latina. Venezuela sufrió un golpe de Estado en 2002 y fue una operación eminentemente mediática. Ecuador y Bolivia también padecieron intentos. En Honduras lo lograron y el presidente Zelaya fue derrocado. En 2012 un golpe dado desde el ámbito judicial sacó a Lugo del gobierno para poner luego a un liberal que no se saliera de la senda establecida, como es Federico Franco.

¿Tanto nos cuesta la democracia? La Argentina sufrió golpes de Estado en 1930, 1943, 1955, 1962, 1966 y 1976. Este período de 30 años consecutivos de voto ininterrumpido es el más largo que hemos logrado. Por supuesto que todos queremos saber qué pasó con Nisman. Como queremos justicia en torno a la muerte dudosa de cualquier ciudadano. Como queremos justicia por Luciano Arruga y por Ismael Sosa. Pero en este caso encima estamos hablando de un fiscal federal; necesitamos saber qué pasó. Como es también imperioso que la causa AMIA avance y llegue a buen puerto. Celebramos que la libertad que tenemos permita que miles marchen con la consigna que sea. Es así y queremos que lo siga siendo. Pero nada puede suceder si la vía es avasallar las instituciones. La receta es sencilla: hay que armar un partido, presentarse a elecciones y ganarlas. Nada más y nada menos.