Viernes 21 de Julio de 2017 - 19:47hs. - República Argentina Edición # 1743

Revista #21 Septiembre 2008 > Internacional

LA CAIDA DEL TIGRE DE PAPEL

Crisis global del capitalismo


Por Juan Manuel Fonrouge

¡MUERAN LOS SALVAJES LIBERALES!

Al menos teóricamente, estamos ante el fin del paradigma neoliberal. Nunca más, un análisis que se precie de serio, (la palabra serio excluye a los gurús financieros y a las consultoras de riesgo, recordemos que el “riesgo país” es elaborado por la banca JP Morgan, una de las más acuciadas por la crisis) podrá seguir afirmando que los mercados son capaces de regularse solos.

Sin dudas, desde una mirada Latinoamericana, el fin del paradigma neoliberal se ha cimentado desde nuestro continente. Primero, desde el análisis histórico de los ciclos económicos, que muestra mayor desarrollo y equidad donde hubo mayor participación del Estado en la economía, en segundo lugar, por lo desastroso de la implementación del las recetas neoliberales en nuestra historia más reciente. Pero el sistema financiero global estalla por su propia voracidad.

EL PLAN CAVALLO FOR EXPORT


En el capitalismo lo único que se socializan son las deudas, los beneficios son siempre privados. Es falso que el Estado no existe para el liberalismo, pero debe restringirse a su poder de policía y de recaudador de impuestos, centralmente del bolsillo de los trabajadores, para luego ponerlos a disposición de los bancos privados o de cualquier corporación que necesite socorro.

Siempre se hace pagar a los pobres las fallas del sistema, y encima se les induce al miedo, al terror de ser todavía más pobres, si no se hace lo que el mercado impone.

Las crisis del capitalismo han sido siempre una oportunidad, pero para transferir fondos públicos al sector privado, licuando sus deudas.
Todo otro rol que se le de al Estado siempre es “inconstitucional”, se trata de un “derroche”, o de medidas “confiscatorias”.    

Domingo Cavallo, siendo presidente del Banco Central en el final de la dictadura militar, tomo la medida de estatizar la deuda de las corporaciones empresariales. George Bush hace lo mismo, el neoliberalismo promulga apagar el fuego echando más nafta, hasta que se llega a una situación límite, ahí es donde el pueblo debe abrocharse el cinturón y pasar el invierno.

Por que, más allá de las sonadas humoradas expresadas por muchos de que finalmente el Estado intervino en EE.UU., no deja de ser una verdad a medias, ya que el salvataje no deja de ser una medida monetarista, enmarcada en los planteos neoliberales.

EL PARTIDO ÚNICO DEL AJUSTE

No es de extrañar el rol de los Demócratas en el parlamento, apoyando en su gran mayoría el plan republicano. Más allá de que lo central de las ideas de libre mercado sean compartidas por el sistema político bipartidista, la actitud de los demócratas ha sido la de abrir el paraguas y permitir que los Republicanos se hundan solos.
En medio de una campaña electoral, que los demócratas tuvieran un voto no positivo, abría la posibilidad de que los republicanos le achacasen lo peor de la crisis que esta por venir.

Por esto, como manotazo de ahogado, la candidata a vicepresidente republicana acusó a Barak Obama de “tener amigos terroristas”, y así desviar el eje de la crisis, para la cual no tienen un verdadero plan, que no sea el de seguir caminando hacía el abismo.

Y lo peor esta por venir, porque la última etapa del estallido será el derrumbe de la economía real, el freno de la maquinaria económica norteamericana, cierres de empresas y comercios, millones de desocupados.

El problema, según el economista Joseph Stiglitz, será cuando el rescate no de resultados, algo que ya ha quedado evidenciado en el nuevo derrumbe bursátil, luego de ser aprobado en el Congreso la transferencia de fondos.

Para el premio Nobel, “existe cada vez más consenso entre los economistas de que el rescate no va a funcionar. El enorme incremento de la deuda nacional y la conciencia de que ni siquiera 700.000 millones de dólares son suficientes para salvar la economía estadounidense erosionarán la confianza aún más y agravarán su debilidad”.

Sin embargo, se han escuchado las voces de quienes quieren ayuda a los propietarios de vivienda. Por que el salvataje es solo para los bancos, mientras 10.000 embargos hipotecarios se suceden por día.
En una reciente carta dirigida a Barak Obama, el premio Nobel de la paz, Adolfo Pérez Esquivel, detalla las siguientes cifras de la debacle norteamericana, que no viene de ahora: “32 millones de personas tienen una esperanza de vida inferior a los 60 años; 45 millones de personas viven bajo la línea de  pobreza y hay 52 millones de analfabetos”.

SE VINO EL ESTALLIDO

En la película Star Wars, el símbolo máximo del poder imperial es la Estrella de la muerte, una luna artificial que tenía como objetivo central dominar a través del miedo a la posibilidad de la utilización de su fuerza, mientras está se retroalimentase del miedo, no era necesario usar su poder destructivo.

La burbuja financiera que acaba de estallar llegó a representar más de 250 billones de euros, lo que representa seis veces la riqueza real mundial.
Todo el aparato financiero ha colapsado. A los bancos de inversión hay que sumarle, los bancos comerciales, las cajas de ahorros, las compañías de seguros y las antes mencionadas agencias de calificación de riesgos.

Pero por sobre todas las cosas, ha colapsado la confianza en el modelo hegemónico de los EE.UU., el sistema financiero ya no podrá retroalimentarse del miedo que da su poderío económico, como si fuese poco, los que sostienen el déficit fiscal de EE.UU –tenedores de su deuda pública- son sus principales competidores económicos, China e India. La crisis traerá sin dudas un mundo definitivamente multipolar.

LOS HIJOS BASTARDOS DE LA GLOBALIZACIÓN

En las crisis cíclicas del capitalismo siempre fue la clase trabajadora la que pago las consecuencias económicas y sociales, como lo evidenciamos los argentinos con la crisis del 2001.

Y como la crisis es generada en el epicentro del capitalismo mundial, llegará en mayor o menor medida a todos los países, aún en aquellos que vienen desacoplando su economía al casino flotante financiero.

Es evidente, que si esta crisis hubiese llegado en el 2001, la situación hubiese sido caótica, pero la solvencia de las economías regionales, con superavit fiscal y desendeudamiento público, permitirá amortiguar el impacto, aunque se deberá avanzar en medidas que protejan el empleo y el salario.

Sobre todo, por el impacto que puede causar en el sector industrial, ya que todas las crisis desatadas en EE.UU., siempre transformadas en crisis de la economía y el mercado mundial, han tenido un fuerte impacto en el comercio mundial, afectando las exportaciones, pilar de las economías nacionales.

CRISIS CÍCLICA Y SISTÉMICA, CAPITAL Y NATURALEZA

Las crisis cíclicas son inherentes al sistema capitalista, y sirven para recomponer condiciones, una especie de barajar y dar de nuevo, con ganadores y perdedores, donde siempre concluyen con mayor concentración de recursos en menos manos.

Esta claro que estamos ante una crisis cíclica del capitalismo, que puede convertirse en una crisis sistémica por el fracaso del modelo neoliberal y la globalización como estrategias para superarlas.

Pero existe una diferencia sustancial entre esta crisis y las predecesoras, y es que el capitalismo está llegando al límite de sus posibilidades históricas de seguir concentrando riquezas en función de la transformación de la naturaleza a través del trabajo.

El materialismo dialéctico parte de la premisa de que el hombre, como parte de la naturaleza, es a la vez su opuesto o negación de esta, transformándola mediante el trabajo, por ende el hombre, en el capitalismo, es negación dialéctica de la naturaleza.

Pero el capitalismo, como el “socialismo real”, creyó en el progreso sin fin del control humano sobre la naturaleza, en su “supresión dialéctica”. Y esto es un movimiento sucesivo, progresivo, pero no infinito.

La acción negatriz de la dialéctica se expresa de dos formas: una es la lucha y la otra el trabajo. Por medio de la lucha de clases se transforma lo dado en lo histórico social y por medio del trabajo se transforma lo dado en la naturaleza.

El capitalismo ha entrado en una etapa, donde a mayor producción y mayor generación de riquezas, mayor “crecimiento”,  pero al distribuirse de manera desigual, generan un círculo vicioso.

El éxito de la economía de un país se mide en su “tasa de crecimiento”, de producción, de transformación de recursos, y no en la satisfacción material de las necesidades básicas del conjunto de la sociedad.

Los países se encuentran en una carrera esquizofrénica por el “crecimiento”, donde el negocio está en quemar más hidrocarburos, talar más bosques y contaminar más ríos, sin que esto venga generando mayores beneficios sociales, mayor igualdad.

Somos presos, sobre todo los países en vías de desarrollo, de tener que enriquecer cada vez más a unos pocos, para incluir por tandas a algunos pocos. Mientras las ganancias de los empresarios van a ritmo de liebre, la distribución para los trabajadores y la inclusión en el trabajo van a ritmo de tortuga.

Lo viene demostrando nuestro país, donde la tasa de crecimiento es mucho mayor que los beneficios materiales de las clases populares, generando “inclusión”, pero con casi la misma desigualdad, la misma brecha entre pobres y ricos. Seguiremos estando presos de las dádivas del derrame. La distribución equitativa de la riqueza es siempre confiscatoria.

Lejos esta el capitalismo de caer por sus propias contradicciones, por la supresión dialéctica, por la contradicción entre capital y trabajo, pero si estamos cerca de algo material, palpable, que es el de la supresión de la contradicción fundamental entre capital y naturaleza.

Estamos ante el comienzo del fin de las materias primas, especialmente del petróleo. Para el magnate George Soros, la gran crisis del capitalismo estará asociada al cambio climático.

El devenir histórico promulgado por el marxismo, la supresión dialéctica de la sociedad de clases parece que no va a realizarse por el momento, y que la contradicción fundamental ha dejado de ser, en ese devenir histórico, entre trabajo y capital, para ser entre la naturaleza y el capital, ahí es donde radica la contradicción fundamental de la sociedad capitalista globalizada.  
El trabajo ha pasado a ser una variable más en la tabla de costos de los capitalistas, donde los desocupados han dejado de ser ejército de reserva, simplemente porque nunca serán llamados a ser alistados al ejército de los ocupados.

Tenemos como ejemplo el desarrollo de los paquetes tecnológicos de las empresas de biotecnología para el sector agropecuario, donde lo que se busca es suprimir el trabajo, o llevarlo a su escala mínima.

Ya hemos hablado reiteradas veces en esta revista del método de producción de la soja transgénica, donde se busca producir al máximo de las posibilidades del suelo, y donde los paquetes tecnológicos, a través del desfollante glifosato, además de contaminar y enfermar, busca suprimir mano de obra, ese es el costo que se reduce, el del trabajo. Según la Secretaría de Agricultura, en la producción de soja, se estima un trabajador cada 500 hectáreas. Y así con todas las ramas de la producción. Estamos ante el triunfo del capital por sobre el trabajo, ya no lo necesita para acumular ganancias.  

En este contexto, el sujeto histórico de cambio, el proletariado fabril y el campesinado, se han reducido y fragmentado en la precarización o en la desocupación. Se hace necesario un frente de clases oprimidas para contrarrestar la fuerza del capitalismo globalizado.
 
DE LA COMUNA DE PARÍS AL MODELO LATINOAMERICANO

La guerra franco-prusiana de 1871, donde Francia pierde la guerra y queda en una situación calamitosa, generó que los republicanos derroten la línea imperial de Napoleón III, quien había llevado a Francia a la guerra, y promulguen la III República Francesa.

Pero la debilidad política interna de Francia, por la caída de napoleón III y la crisis económica que había generado el guerrerismo de la línea imperial, es resuelta por el invasor ejercito prusiano, dirigido por Bismark, quien ordena un llamado a elecciones.

En las elecciones de Paris, se impone la propuesta de la Asamblea Comunal, conformada por jacobinos -seguidores de los principios de la Revolución Francesa- y los anarquistas -seguidores de Bakunin y Prohudon-, donde nace un nuevo modelo de gobierno, en donde todos los poderes son de procedencia netamente popular.

Entre otras medidas se declaran los derechos ilimitados de reunión y de prensa, la enseñanza gratuita y obligatoria, un paquete de derechos laborales, los comités autogestionarios se harán cargo de los talleres abandonados por los patrones, y hasta el arte, a pedido del artista Courbet, será libre.

Ante el llamado de la Comuna de París a que todas las ciudades de Francia conformen el mismo sistema de gobierno, París es bombardeado y los comuneros brutalmente reprimidos, con miles de fusilados “de diez en diez en el muro comunero” por el ejercito del gobierno central de Francia, dirigido por su presidente Louis-Adolphe Thiers, recluido en Versalles.

Finalmente, la Comuna es derrotada, se forman los primeros campos de concentración de la historia para todo aquel que fuese acusado de comunero y “el orden, el trabajo y la seguridad” volverán a nacer, luego de menos de dos meses de gobierno popular.

Este hecho marco con fuego las ideas políticas revolucionarias. Marx a partir de los sucesos de París elabora su teoría de la dictadura del proletariado como forma de transición hacía el comunismo –recordemos que no menciona este concepto en el Manifiesto Comunista, elaborado antes de la Comuna- y en el anarquismo predominarán las ideas de acción directa para abolir al Estado, abandonando toda posibilidad de la vía electoral y pacífica al socialismo, proveniente del “socialismo utópico” de Owen, Fourier y Prohudom.

La vía democrática al socialismo volvería exactamente 100 años después con el gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende en Chile, con un mismo trágico final. Aunque cada proceso democrático truncado a lo largo de la historia, con gobiernos populares de distinta índole, ha conducido, con lógica razón histórica, a tesis de toma del poder violentas. Una democracia donde solo puede ganar el proyecto de una clase no es democracia.


LA BALANZA SE EQUILIBRARÁ

Las condiciones actuales de América Latina nos permiten pensar que hay un modelo político actualizado para la etapa de crisis de la globalización capitalista. Nunca antes en la historia existió una continuidad y una legitimación de la democracia como la que vive nuestro continente, y nunca antes el imperialismo norteamericano –sin querer subestimarlos- estuvo tan lejos de poder imponer sus planes, ya sea a través de la economía o la fuerza militar.  

Noam Chomsky, en una reciente conferencia para la Universidad de El Salvador consideró que la integración latinoamericana “mina el control de Washington” en la región y que “por primera vez en la historia de los países de la región están viendo como resolver los problemas sin la presencia de los Estados Unidos”.

A diferencia de la Comuna de París, a diferencia de la América Latina de los golpes de estado, las proscripciones, los bombardeos y los fusilados, nos encontramos rediscutiendo nuevas formas de gobierno, democráticas, populares y libertarias.

América Latina puede aparecer en el centro de la escena, no solo en lo económico, como exportador de materias primas, sino en lo político, como nueva síntesis histórica que aúnen posibilidades de pensar a la economía en función de un desarrollo sustentable, basado en la “economía real”, en función de las necesidades materiales reales de los pueblos, y dar paso a una reestructuración de la economía mundial, rompiendo el parámetro absurdo y autodestructivo de medir el crecimiento en función del consumo de recursos naturales no renovables.

Movimientos populares, frentes políticos y electorales están acercando posiciones, ideas y generando nuevas síntesis de cara a un nuevo programa histórico, a un nuevo marco teórico.

Como en otros momentos de la historia, la crisis de capitalismo permitirá que se generen condiciones para el surgimiento de nuevos proyectos nacionales y populares.

Es sin dudas en el proceso político que atraviesa América Latina, en la revolución pacífica cultural y social, donde se encuentre la salida para derrotar al neoliberalismo globalizado y representar una alternativa para los pueblos del mundo.
 

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