Domingo 26 de Marzo de 2017 - 09:56hs. - República Argentina Edición # 1626

Revista #54 Diciembre 2012 > Editorial

LOS FIERROS MEDIÁTICOS Y LOS FIERROS JUDICIALES


Por federico Martelli

Roberto Noble fundó el diario Clarín en 1945 y Ernestina Herrera de Noble, su esposa, asumió su dirección en 1969. Héctor Magnetto, entró a los 27 años como adscripto a la dirección del diario en 1972.

Clarín se quedó con Papel Prensa en 1976, adquirió Radio Mitre en 1986 y entró en el negocio audiovisual con la compra de Canal 13 en 1990. Finalmente, en los '90, dieron “el gran salto” para transformarse en el eje del poder político y económico de Argentina.

No casualmente el crecimiento de Clarín, hasta transformarse en un grupo económico (1999) controlante de alrededor de 50 sociedades y más de 250 licencias audiovisuales, se dio en consonancia con los años más oscuros y tristes de nuestra historia reciente. La globalización fue la estrategia más eficaz del capital para romper los mercados cerrados, saltar las barreras nacionales, disciplinar a los Estados y catapultar la rentabilidad empresaria.

Con la caída de la URSS y la clausura del Siglo XX, el Consenso de Washington reemplazó a la Doctrina de la Seguridad Nacional y los imperialismos se lanzaron al saqueo de sus ex colonias. En lo que se conoció como “la Segunda Conquista”, capitales de origen europeo compraron empresas de todo tipo, desde bancos y medios de comunicación, hasta YPF.

A medida que el neoliberalismo se consolidaba en el continente, el plan de distribución desigual de la riqueza redujo la participación de los trabajadores en la renta nacional a los números previos al peronismo y hundió al país en la crisis social más profunda de la historia, con 56% de pobreza, 25% de desocupación y miles de muertos de hambre.

En simultáneo, la revolución tecnológica transformó de raíz el negocio de las telecomunicaciones. La era digital expandió el modelo hasta límites aún hoy desconocidos y posicionó a las empresas de medios en la vanguardia de la producción y reproducción de contenidos, entretenimientos y manejo del tiempo libre. En 20 años se pasó de 5 canales de aire que comenzaban a transmitir a la tarde (por la crisis energética de los ´80) a tener más de 100 canales, (6 o 7 de noticias durante las 24 horas), miles de portales de noticias en internet, canales y radios online, redes sociales (Facebook superó los mil millones de usuarios) teléfonos inteligentes, tablets y hasta pantallas en los medios de transporte.

Mirar en retrospectiva la simultaneidad de estos tres factores, neoliberalismo aplicado, acumulación de capital/licencias y salto tecnológico nos remite a la pregunta ¿Cómo no lo vimos venir?

Las respuestas pueden ser muchas y confluyentes. La derrota durante la dictadura y la traición del menemismo dejaron al campo popular sin la fuerza necesaria para enfrentar esa estrategia; muy pocos entendieron la magnitud del salto tecnológico que se venía y las consecuencias de la acumulación en uno o dos grupos. Por su parte la clase media vivía la fiesta del “uno a uno” y poco le importaba que Magnetto construyera semejante imperio.

Lo perverso, lo dramático, lo imperdonable, es precisamente que Magnetto pudo llevar adelante su estrategia por todo esto, y porque la mayoría de los argentinos enfrentaba problemas más terrenales: perder el trabajo, perder la casa, llevar un plato de comida a sus hijos, conseguir que el Estado asumiera alguna responsabilidad social o finalmente emigrar.

Apropiarse las principales empresas de comunicación y monopolizar el sistema de medios de un país mientras muchos estaban ocupados viendo como escapaban de las patotas de Camps o arriesgaban la vida cortando una ruta por un plan social, no sólo implica conculcar el derecho de las mayorías a una comunicación plural y democrática, sino hacerlo al amparo de la persecución, intimidación, sometimiento y humillación, constituye un crimen social de magnitud similar a la apropiación de tierras por parte de las familias patricias en el siglo XIX a la cabeza de Mitre y Roca.

Desde todos y cada uno de los puntos de vista posibles, la existencia del Grupo Clarín se ha transformado en una amenaza para la democracia. Porque se construyó sobre la sangre de muchos argentinos, porque se apropiaron de un derecho colectivo, porque se niegan a cumplir la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y porque para hacerlo corrompen hasta límites insospechados el sistema judicial.

Con un Congreso que votó por amplia mayoría la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y un gobierno decidido a democratizar el sistema de medios al Grupo le queda centralmente la estrategia judicial que consiste es dilatar los plazos hasta que Cristina ya no tenga fuerza o no esté en el gobierno.

La maniobra de extender la cautelar un día antes de la entrada en vigencia del artículo 161 constituyó la provocación más explícita y amenazante del sistema judicial desde que la Corte de la mayoría automática amenazara a Néstor Kirchner con el fallo de la pesificación.

De esta manera, un sistema judicial corrupto, arbitrario, haragán y desinteresado en el bienestar social, decidió exponerse por completo para cuidar los intereses de Clarín. Ahora el gobierno está obligado a ir por la reforma judicial. Por algo Cristina, que suele leer las páginas antes de que se escriban, mandó en diciembre a dos cuadros de su confianza como el Cuto Moreno y a Marcelo Fuentes, al consejo de la Magistratura.

En la fiesta patria de Plaza de Mayo la presidenta fijó las coordenadas y en varios actos posteriores ratificó que la Justicia debe someterse al control social. Los jueces, que tienen cargo asegurado de por vida y son juzgados por sus pares, saben que la profundización del modelo implica poner en cuestión la injerencia de las corporaciones en las instituciones públicas y sobre todo una profunda renovación generacional e ideológica y por ende se atrincheran en defensa de sus privilegios.

No debe extrañarnos entonces que Clarín y un sector de la Justicia hagan causa común durante los próximos años para cuidarse mutuamente. Magnetto, que lleva 40 años en el poder, sabe que el tiempo juega a su favor.

El kirchnerismo, vive, revive y se reinventa con cada batalla. La magnitud del desafío hace que las nuevas generaciones militantes que colmaron la Plaza de Mayo el 9 de diciembre redoblen la lucha por la democracia plena.

Este es el sentimiento de quienes hacemos Revista2016. Con cada fallo adverso, con cada maniobra del Grupo, con cada tapa negativa y cada mentira vertida se fortalecen nuestras convicciones y renacen las ganas. Hagan lo que hagan, ningún monopolio resistirá tres gobiernos populares. ¡Chau Clarín!

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