Domingo 26 de Marzo de 2017 - 10:01hs. - República Argentina Edición # 1626

Revista #50 Marzo 2012 > Editorial

HACER POSIBLE LO NECESARIO


Por Federico Martelli

Transformar la realidad implica llevar adelante cambios económicos, políticos y sociales; no sólo los cambios que nos están permitidos por el status quo, sino y sobre todo, los que no lo están. Y si hay algo que está vedado por el stablishment, es el debate sobre la necesidad de una nueva Constitución Nacional.

El neoliberalismo, en el proceso de domesticación de la política que se inició con el golpe de 1976, se aseguró que la dirigencia democrática post dictadura, fuera temerosa, vacilante y hasta sumisa.

Con el golpe de mercado de finales de los ´80 el stablisment ratificó la vigencia de su poder sobre la política y subsumió a la dirigencia en la humillación voluntaria de moverse en un esquema preestablecido.

Así transitamos más de una década en la que lo obvio era lo imposible. Era imposible salir de la convertibilidad, era imposible salir de la tutela del FMI, era imposible desconocer o renegociar la deuda externa, era imposible anular las leyes de impunidad y era imposible enfrentar el plan continental de los EE.UU, llamado ALCA.

Las posibilidades y el marco de acción fijados por el poder financiero estaban limitado a cuestiones meramente estéticas y éticas. Un capitalismo financiero con rostro humano -tercera vía- fue una de las propuestas más absurdas de nuestra historia reciente, la que, sin embargo, logró apoyo del 50% de la población.

La magia de Néstor Kirchner fue en esencia, la de desconocer esos límites. Más allá de lo que le decían -Claudio Escribano, por ejemplo- él sabía lo que había que hacer para sacar al país del infierno y ponerlo en la senda del crecimiento con inclusión social.

Sabía también que para cada paso existía un tiempo y que una arremetida en el momento justo redundaría en más acumulación de fuerzas y por ende, en nuevas posibilidades hacia el futuro.

Con Cristina Fernández de Kirchner en la presidencia, el stablishment -también el que opera adentro del gobierno- planteó los nuevos “no se puede”. No se puede la Ley de Medios, No se puede nacionalizar los fondos de las AFJP. Sin embargo, Cristina sabía que eran medidas necesarias para sostener y profundizar el modelo y una vez más traspasó los límites.

El nuevo tabú es la reforma constitucional. Aunque la Constitución de 1853, con las reformas de 1994, sea la herencia jurídica del liberalismo aristocrático que pensó un modelo de país para pocos, aunque la fusiladora enterrara la Constitución de 1949 por decreto; aún dentro del campo nacional, aparecen dudas sobre este tema.

No debería llamarnos la atención la oposición de quienes no quieren que la Nueva Argentina que está naciendo tenga un texto constitucional acorde a los tiempos que corren. Sí, la de quienes desde adentro, expresan dudas por creer que no hay “clima social” o “poder suficiente” para empujar este debate.

El kirchnerismo, de reciente conformación, pero heredero de la tradición nacional y popular, que se alimenta de la tenacidad de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, que nació en La Gloriosa JP, que retomó la senda del General Perón y el valor revolucionario de Evita y que sacó del sótano de la historia la Vuelta de Obligado, puede y debe afrontar su propio destino. Y así tirar abajo las restricciones y obstáculos que se interponen entre el tiempo actual y la patria que soñaron San Martín, Moreno, Belgrano, Rosas y los miles de anónimos que dieron su vida por la felicidad del pueblo.

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