Domingo 26 de Marzo de 2017 - 10:02hs. - República Argentina Edición # 1626

Revista #31 Septiembre 2009 > Editorial

La ley del más fuerte

Hace unas semanas, la presidenta Cristina Fernández dijo una frase que pasó casi desapercibida para la opinión pública, abocada a destacar otros conceptos de fácil digestión que dan letra a los analistas políticos de la tragicomedia en la que se ha convertido nuestra realidad nacional mediatizada.


Por Juan Manuel Fonrouge

La frase en cuestión fue la siguiente: “El problema no es la pobreza, sino la desigualdad”, y fue el disparador para buscar un aporte al problema desde esta revista. Previendo una de las posibles salidas a la cuestión de la pobreza y la desigualdad, optamos por recurrir a aquellos que creen que la solución está en el desarrollo endógeno y sustentable, a través del ahorro interno y la intervención del Estado.

Han quedado afuera los que creen que para solucionar este problema es necesario “agrandar la torta”, y los adeptos a la “teoría del derrame”. En primer término, porque siguen teniendo su lugar asegurado en los grandes medios y nuestro país ha sido una probeta de ensayo para la aplicación de sus planes económicos y, a nuestro entender, han sido precisamente los que han generado la pobreza estructural y el aumento de la desigualdad social.

En segundo lugar, porque “agrandar la torta” es un eufemismo para permitir mayores ganancias a cambio de profundizar el saqueo de recursos, la flexibilización laboral y la falta de reglas ambientales para la producción, sin que necesariamente la torta más grande se vaya a distribuir más equitativamente.

Como contrapartida, estos recientes años de crecimiento a “tasas chinas” no han traído cambios sustantivos. Sin dejar de reconocer las mejoras en los niveles de empleo, una mayor inversión en áreas claves como educación, salud, previsión social e infraestructura, y la implementación de múltiples programas sociales, las causas estructurales que sostienen la pobreza no han sido alteradas sustantivamente como para ver en el horizonte una solución definitiva al problema.

La ley de enfiteusis

El caso de los aborígenes en el (ex) impenetrable chaqueño es un ejemplo de esto. Donde hubo una economía regional, basada en la sustentabilidad primaria de estos pueblos ancestrales, llegó la modernidad de las topadoras y la soja transgénica.

Donde había un paraíso natural, propicio para el turismo, donde existieron especies únicas, donde el conocimiento y la ciencia moderna podrían haber permitido el desarrollo de estos pueblos, hoy es uno de los paisajes más desoladores, no ya de la Argentina, sino del mundo.

Una tierra reseca donde se pasean esqueletos vivientes, sin fuerza, sin siquiera capacitación para manejar las topadoras que cavan sus propias fosas comunes. Tampoco pueden sobrevivir vendiendo su fuerza de trabajo a los productores de soja, que gracias a los paquetes tecnológicos han podido ahorrar costos con una reducción de la mano de obra, y concentrar la riqueza en empresas multinacionales, como exportadoras y de biotecnología.

Refiriéndose a la pobreza del conurbano, lugar a donde llegan los expulsados del campo, y pasando por alto a los nuevos bolsones de pobreza del gran Rosario o Córdoba, donde la torta se agrandó sin que los pobres se enterasen, Hugo Biolcatti asegura que la Sociedad Rural “tiene un plan para solucionar la pobreza”: “producir más”, “incrementar la torta”, y esperar que el barril sin fondo de la economía de libre mercado rebalse para los que están abajo de rodillas mirando hacia arriba.

En el gobierno, como en una relación sádica donde “te pego porque te quiero”, la solución a la distribución de la riqueza parece haberse estancado en la posibilidad de capturar parte de la renta extraordinaria de la soja a través de las retenciones.

La revista especializada Oil World estima que en la próxima campaña en nuestro país se sembrarán 19 millones de hectáreas con soja, un alza del 8,5% desde los 17,5 millones implantados en el ciclo 2008/09. Y que de 32 millones de toneladas obtenidos este año, la cosecha treparía un 62% al récord de 52 millones de toneladas. Por un lado, se va a incrementar la torta, y la recaudación impositiva será mayor pero, seguramente, la pobreza y la desigualdad se mantendrán sin conocer de derrames ni de distribución de la riqueza.

La ley de la oferta y la demanda

Las teorías económicas clásicas nacen de la escasez y no de la abundancia. De ahí que tanto el liberalismo como el socialismo son teorías que, ante todo, plantean como se deben administrar los recursos que no alcanzan para todos en una sociedad de clases.

Los primeros lo dejan librado a la competencia, con mayor o menor grado de posibilidades para todos, y basándose en la propiedad privada como principio rector. Los segundos buscan la equidad a través de la planificación de la economía y la expansión de lo público como factor de igualdad social.

En el caso del capitalismo, si un producto alcanza para todos no es negocio. Para “nuestro campo” el negocio siempre estará en abastecer al mercado mundial. Pensar en basar su producción en el mercado interno sería un suicidio deflacionario.

El mayor miedo del capitalista no es la inflación, que sí atemoriza a los asalariados, sino producir lo suficiente para que alcance para todos y, por ende, tener que bajar los precios.

Por esto, aunque la producción de leche, carne y soja ha aumentado en nuestro país, el discurso siempre será el de la escasez. Fieles a la teoría del derrame, hay que aumentar la producción de productos primarios para exportar más y acrecentar las ganancias, para que luego rebalse el vaso y algún día coman todos.

La ley divina

Algunos sectores deben ser muy cuidadosos a la hora de hablar de la pobreza.

El Estado al que combaten cuando interviene en la economía es, paradójicamente, el que debe hacerse cargo de la pobreza. Citar la pobreza es la excusa para terminar con un debate, cuando debería ser el comienzo de uno más profundo.

Atacar la intervención del Estado y buscar solucionar la pobreza es la paradoja de los mentirosos.

Quisiera saber cuál es el modelo económico que propone la Iglesia para solucionar el flagelo de la pobreza. Sabemos que no es el marxismo ni el capitalismo salvaje. Algunos dirán la “teoría social”, algo ambiguo. Sólo encuentro en el medio algo parecido a un “populismo”, al cual también critican generalmente.

La Iglesia se ha malacostumbrado a opinar “en contra de”, explicitando claramente sus posiciones. Pero a la hora de proponer, se justifican diciendo que “la Iglesia no debe emitir posiciones políticas”, logrando salir siempre inmunes, por los siglos de los siglos.

La ley de medios

Los procesos sociales tienen cierta lógica en común, producto de que nacen de los mismos factores. De las luchas sociales se pasa a las económicas y políticas, y por último a la batalla ideológica. No hay saltos ni atajos en la historia.

Podemos marcar el comienzo de los ciclos en las problemáticas sociales, ya sean relacionadas a la desocupación, hambrunas, o hiper-explotación del trabajo.

En un contexto de lucha social, con una conciencia social, no se solucionan las causas estructurales de los problemas, sino que se buscan paliativos, soluciones inmediatas. En lo que generalmente llamamos resistencia no se elaboran programas, se busca poner un freno a los avances del enemigo y obtener pequeñas victorias, sectoriales, aisladas del resto.

Así, en nuestro país vivimos durante la resistencia al neoliberalismo el avance de las organizaciones sociales, gremiales, estudiantiles y de derechos humanos que buscaban obtener sus reivindicaciones.

Si el proceso avanza, a la lucha social le siguen las luchas económicas y políticas. Para seguir poniendo de ejemplo la historia reciente de nuestro país, de las luchas sociales, encontramos en el rol del FMI y en un bipartidismo que tenía el mismo programa económico, la misma política exterior y hasta los mismos ministros, las causas de nuestros problemas.

En resumen, de luchas aisladas en contra de la desocupación, la flexibilización laboral, de medidas solidarias precarias como trueques y ollas populares, por justicia, pasamos a debates que difícilmente eran comprendidos años antes.

La fase política de los procesos sociales tiene que ver con la superación de aquello que Bertolt Brecht llamó “analfabeto político”, comprender que “el precio del pan” depende de “decisiones políticas”.

Pero a la vez, para atravesar un proceso de ruptura con lo establecido, la etapa política debe aparejar necesariamente una etapa ideológica. La fase de los procesos sociales donde se piensa un modelo de país de forma estratégica e integral, para encontrar soluciones estructurales a los problemas de fondo.

Los que, citando a Aldo Ferrer, “tienen la visión del país periférico, subordinado”, corren con la ventaja que les dio el tiempo, para lograr instalar su sistema de valores como universal.

La economía con mayúsculas es la economía liberal, la moral y la ética son las que permiten resguardar el status quo que se muestra como neutral. El que quiera alterar el orden es el que tiene ideología. Lo que está predeterminado es lo neutral, lo que es, porque así debe ser.

En todas las etapas de los procesos sociales se desarrolla una batalla cultural, pero para avanzar en los debates ideológicos es imprescindible contar con las herramientas necesarias.

En la actualidad los medios de comunicación de masas son imprescindibles. Es necesario desarmar a la ideología dominante, la que aparece como sentido común, neutral, ingenua, que se retroalimenta con la “voz de la calle” que los mismos medios se ocupan de cultivar, contando con la ventaja que les da la hegemónica voz del mercado trasladada a las empresas de comunicación.

Por eso, la ley de medios es imprescindible para esta etapa, sin acallar las voces de los que siguen reclamando las recetas del Consenso de Washington, pero permitiendo escuchar las otras voces. La de todos los sectores sociales y no sólo la de los que invierten sus activos en la bolsa, o los que tienen el dinero suficiente para comprar una o varias licencias de radio y televisión.

La ley de drogas

Con esta Ley de drogas llegamos a los niveles más altos de consumo y tráfico de nuestra historia. Ningún narcotraficante está preso. Recordemos que Francisco de Narváez, quien no ha podido justificar el crecimiento en un 900% de su fortuna en los últimos cuatro años, es investigado por la justicia por una llamada al “rey de la efedrina” proveniente de un teléfono perteneciente a su flota.

Hasta ahora, las políticas de drogas enfocadas en la penalización del consumidor han dejado entrever que el Estado ha preferido no solucionar el problema del narcotráfico, para utilizar el problema del consumo de drogas como herramienta represiva, principalmente con jóvenes de bajos recursos.

La misma excusa que permite patear puertas y plantar causas a la policía bonaerense le permite a EE.UU. traspasar fronteras y plantar bases militares.

En este caso, a los pobres también les toca la peor parte. Por un lado, conviven con las mafias sostenidas por policías y políticos corruptos que apañan el narcotráfico; por el otro, la creciente demanda y consumo de cocaína de las clases medias y altas sólo ha generado el derrame de pasta base, como triste realidad que demuestra que, hasta en materia de drogas, las proposiciones de la economía de libre mercado, indudablemente, no son para ellos.

 

COMENTARIOS (22)

Leer todos los comentarios
crorkzz catz

2bXYLe A round of applause for your blog article.Thanks Again. Cool.

crorkservice on fiverr

x5crf5 Thanks for another excellent post. Where else could anybody get that type of info in such a perfect way of writing? I have a presentation next week, and I'm on the look for such info.

matzcrorkz

RqHQUa I loved your blog.Much thanks again. Fantastic.

AGREGAR COMENTARIOS

La finalidad de este servicio es sumar valor a las notas y establecer un contacto más fluido con nuestros lectores. Los comentarios deben acotarse al tema de discusión. Se apreciará la brevedad y claridad de los textos, y el buen uso del lenguaje: las malas palabras y los insultos no serán publicados.