Domingo 26 de Marzo de 2017 - 09:59hs. - República Argentina Edición # 1626

Revista #53 Septiembre 2012 > América Latina

LA BATALLA DE VENEZUELA

Una pelea en la que se jugó el futuro de toda Latinoamérica y que dividió aguas entre los procesos populares de la región Revolución Bolivariana versus los intereses de Washington, sumados a la complicidad de la oligarquía local y los oligopolios mediáticos


 

Por Stella Calloni

Venezuela vive un ritmo indescriptible. Las mareas de banderas rojas “chavistas” inundan las calles y en los barrios populares es evidente la esperanza de la población en el proceso de cambios profundos comenzado en 1998.

La población entendió la importancia de estas elecciones no sólo a nivel interno, sino para la consolidación de la integración y unidad latinoamericana y caribeña.

Este bloque regional desafiante enerva a Washington que destina millones de dólares para sostener a las derechas locales e incluso impone candidatos, aunque tengan pocas luces, como en Venezuela.

La oposición de derecha, bajo asesoría y financiación externa que nadie disimula, se ha unido, incluso los dos partidos tradicionales Acción Democrática (AD) y el socialcristiano (COPEI) en torno a la candidatura de Henrique Capriles Radonski, un empresario favorito de Estados Unidos e Israel, con un historial ligado al golpismo, jugando un rol protagónico en el asedio a la Embajada cubana en Venezuela durante el golpe contra Chávez en abril de 2002.

Estados Unidos no sólo intentó golpear a Venezuela sino al bloque de integración regional.

Los objetivos de la unidad de América Latina y el Caribe son liberadores del poder hegemónico del cuál aún son dependientes las naciones de la región, salvo Cuba cuya resistencia resulta épica por lo mismo.

Es por eso que en Venezuela se jugó también el futuro latinoamericano, dado que el presidente venezolano es la figura más potente en el camino de unificar e integrar.

Chávez, ya planteó desde su manifiesto en el alzamiento- cívico-militar- en febrero de 1992, la necesidad urgente de la unidad latinoamericana, como el viejo sueño de los patriotas que derrotaron al colonialismo español.

La independencia lograda fue castrada de raíz por Estados Unidos que entró rápidamente a jugar su juego expansionista e impuso formas diversas de colonialismo y neocolonialismo encubierto.

La región bajo hegemonía imperial, fue intervenida a lo largo de todo el siglo XX para impedir que surgieran gobiernos desafiantes, sembrando dictaduras en América Latina.

Entender que los organismos de integración como la Alianza Bolivariana para los pueblos de América (Alba), la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y el Mercado Común del Sur (Mercosur), están trazados con un criterio emancipatorio, hace la diferencia con lo que es la Unión Europea, tan debilitada hoy.

Por eso Venezuela resulta una nación estratégica para la unidad en estas circunstancias.

Dictaduras y neoliberalismo

Después de las dictaduras, que dejaron un genocidio en el siglo XX, y dentro del mismo esquema de dominación, en Estados Unidos se planearon en 1990, las nuevas “democracias” tuteladas que debían sucederlas. En esos años fue aplicado el llamado Consenso de Washington y el neoliberalismo rampante asoló la región, lo que derivó en un asalto a los estados nacionales, que fueron diezmados, y se destruyeron los logros sociales, educativos y culturales, acumulados después de largas y cruentas luchas, lo que llevó a las resistencias locales.

La explosión popular contra las primeras medidas neoliberales que intentó imponer el gobierno del ex presidente del socialdemócrata Carlos Andrés Pérez en Venezuela produjo lo que se llamó el “caracazo” en febrero de 1989. Una rebelión que ganó las calles y fue reprimida violentamente dejando unas mil víctimas fatales y centenares de heridos.

Cayeron entonces las máscaras de las falsas “democracias” venezolanas y se pusieron en evidencia los pactos de los partidos de la burguesía.

Una clase oligárquica, de escaso desarrollo político, era la beneficiaria absoluta de los dividendos del petróleo.

Esto lleva a entender los planteamientos hechos por Chávez, quien al frente de jóvenes militares, estudiantes y grupos de izquierda se rebeló en febrero de 1992 lo que fue caracterizado como un típico “golpe militar” a los que estaba acostumbrada América Latina.

Pero este tenía particularidades: no era un golpe planeado en Washington y sus propuestas eran revolucionarias al declarar que los militares se negaban a ser usados para reprimir al pueblo y su programa advertía contra las falsificaciones democráticas, la corrupción reinante, la necesidad de la participación popular y la recuperación soberana. Manifiesto que fue cuidadosamente ocultado por los medios masivos de comunicación.

Chávez se diferenció así del golpismo común en la región; aunque fue derrotado, trabajó en sus dos años de cárcel creando el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200, que fue base para el crecimiento de otro movimiento más amplio. Finalmente integró un Polo Patriótico con fuerzas de izquierda, nacionalistas también de izquierda y otros, y logró ganar las elecciones el 6 de diciembre de 1998, rompiendo el bipartidismo reinante.

Esta corta reseña es clave para entender en qué momento político surge la figura de Hugo Chávez Frías en Venezuela.   

La revolución bolivariana iniciada desde que Chávez asumió la presidencia ya ha cumplido trece años, a lo largo de los mismos hubo 16 procesos electorales en 15 de los cuales se impuso el gobierno.

En este período, y desde 2003 comenzaron a surgir gobiernos elegidos por voluntad popular en América Latina.

Chávez logró que el pueblo votara a favor de una Constituyente que elaboró una de las Constituciones más avanzadas en América Latina, donde el pueblo y sus necesidades están en primer lugar, un camino abierto a la recuperación de soberanía e independencia. Volvió a exponer su cargo sólo un año después de haber ganado las elecciones de 1998 ganó en 1999, con un aumento en su caudal de votos.

En todo este proceso y el que siguió las masas populares lograron una experiencia de participación, protagonismo y presencia como nunca había sucedido en el país.

Frente a este surgimiento y desde esos primeros años, se organizó una oposición ideológicamente pobre, dueña de monopolios de la información con intereses trasnacionales, que a lo largo de estos años ha recurrido a todas las formas de desestabilización posible.

Así se produjo el golpe de Estado de abril de 2002 que puso en el escenario a una oposición violenta y las groseras manipulaciones mediáticas.

El golpe financiado y dirigido por EE.UU, como se comprobó fehacientemente, fue una de las mayores derrotas para esa oposición y para Washington. En 48 horas Chávez fue rescatado de su secuestro y regresado a su cargo presidencial.

No fue el único golpe, vendrían luego el paro patronal, que intentó paralizar y desabastecer al país y no pudo hacerlo, porque la imaginación popular también lo derrocó, al crear formas de abastecimiento que darían lugar al gurgimiento de mercados populares, y a la desaparición de intermediarios que encarecían los alimentos.

A fines de 2002 y principios de 2003 fue el paro petrolero, tan fuerte como un nuevo golpe de Estado, con sabotaje incluido y con el robo de la tecnología más avanzada en la informática. Fue derrotado nuevamente.

De cada golpe y otros que vinieron, Chávez no sólo logró salir triunfante sino que, como en el caso del petróleo, recuperó para el país la empresa clave.

Logros 

“Las empresas del sector tributaban, hasta entonces, poco más del uno por ciento de impuestos”, relata Nelson Merentez, actual presidente del Banco Central y ex-ministro de Finanzas, “El gobierno elevó esa tasa al 33% e hizo de PDVSA socia mayoritaria de todas las compañías del sector, además de poner a la propia estatal bajo su comando. Antes, era un Estado dentro del Estado.”

Con la derrota del paro, el gobierno pudo apoderarse de la principal palanca para el desarrollo venezolano. Pero no sólo esto sino que recuperó la relación con los países productores unidos en la OPEP.

Ya en 2004 se fijó como prioridad la expansión de los programas sociales. Este es otro inusual aspecto impedido por las burocracias estatales de avanzar en estos proyectos. Chávez creó las “misiones” Robinson para la alfabetización, lo que se logró rápidamente; “Vuelvan caras” para luchar contra el desempleo, lo que también logró derrotar; “Barrio Adentro”, que significó la atención directa de salud para decenas de miles de venezolanos por primera vez y tantas otras similares. Cuba fue clave en Robinson y Barrio adentro por su colaboración con maestros y médicos.

El gobierno desafió la desinformación absoluta, con la presencia directa de Chávez en “Aló presidente”. También propuso intercambios directos en el caso de salud: petróleo por médicos con Cuba. En Argentina cuando este país estaba en una crisis energética concretó el intercambio de petróleo por vacas y equipos para desarrollar agricultura.

Además ofreció petróleo a los países más pequeños con créditos a largo plazo y ayudas que, marcaron un nuevo camino en América Latina. Contribuyó decisivamente a concretar la integración hasta ese momento sólo posible en acuerdos y papeles difusos.

Además de combatir la dramática situación de pobreza, miseria y destrucción de los servicios públicos que había heredado en su país, este fue también uno de los caminos para aumentar tanto el consumo familiar, como los gastos, lo que generó una amplia recuperación de la economía, del empleo y de la renta.

La elevación del precio internacional del petróleo, se asoció en Venezuela a inversiones sociales y de nuevos proyectos de infraestructura, que han cambiado radicalmente al país, como reconocen los organismos internacionales.

“En el segundo quinquenio de Chávez, el país tuvo el mayor índice de crecimiento del PBI de Sudamérica y uno de los más altos de mundo. El salto fue de un 61,20% en el período, un promedio anual superior al 10%. Sólo volvería a bajar en 2009 (-3,3%) y 2010 (-1,4%), durante la crisis internacional, para volver a crecer en 2011 (4%)”, señala Nelson Merentez.

Estos recursos destinados a los programas sociales convirtieron a Venezuela en el país con menor desigualdad social del subcontinente.

Las estrategias de Washington y las respuestas

La fuga de capitales fue una de las estrategias más utilizadas por los empresarios alentados por Washington. De acuerdo al Banco Central después de la reelección de Chávez a fines de 2006, en pocas semanas fueron remitidos al exterior más de diez mil millones de dólares, lo que obligó al gobierno a que cualquier proceso de remesa o de importación pasara por un estricto sistema de autorización.

“No somos una economía neoliberal”, dice Merentez. “Nuestra lógica no es recortar la demanda para proteger la remuneración del capital a cualquier costo, sino ampliar la oferta a través de inversiones crecientes en las distintas formas de propiedad.”

Leyes recientes fijaron la combinación de cuatro tipos de economía. El primero, el de control estatal, potencialmente orientado a los pilares ya mencionados del desarrollo nacional. Otro, de carácter privado y relativo a la competencia, que se concentra en los nichos que no afectan al funcionamiento estratégico del país. El tercero, de capital mixto, representa la asociación del Estado a empresas privadas nacionales o compañías extranjeras. Finalmente el cuarto, que alberga la economía cooperativa y comunal, de propiedad de los consejos comunales y centrada en la autogestión.

“Esta cuarta forma de propiedad, que se basa, un poco, en los métodos conducidos por la Yugoslavia de Tito entre los años 1950 y 1980, es actualmente el orgullo de distintos dirigentes del país. Básicamente, se trata de una estrategia de iniciativa empresarial colectiva, a través de la cual los propios ciudadanos, y sus organizaciones, crearían empresas capaces de ofrecer servicios, producir bienes de menor complejidad tecnológica e incluso abastecer parcialmente la demanda alimenticia”

También “el desarrollo de la economía comunal es fundamental para que derrotar la inflación y evitar situaciones de escasez (…) Buena parte de los productos y servicios fundamentales para la población se pueden poner en práctica a nivel local, atendiendo a la demanda y generando renta en donde viven los ciudadanos, bajo su control y propiedad”.

El sueño de una economía sin Estado ni patrón no es propiamente una novedad, pero en Venezuela es fomentado por una formidable renta petrolera.

Por otra parte la integración suramericana es el centro de la política exterior de Chávez y la reforma agraria es la apuesta para la independencia alimenticia de Venezuela.

La oposición electoral

La alianza opositora, de la que en los últimos días se han apartado algunos sectores, ante el hecho de que Capriles Radonski había ocultado su programa neoliberal y su proyecto de romper con la unidad regional, ha quedado entre 18 y 25 puntos de distancia de Chávez según las últimas encuestas. Ante esta situación y con la decisión del presidente de EE.UU. Barack Obama, se han destinado en Washington 20 millones de dólares para diversos planes destinados a obstruir el proceso electoral acusando fraude y otras alternativas mucho más graves.

Pero el nuevo y moderno sistema electoral incorporado, único en la región y que se probó el pasado 28 de agosto en un simulacro que fue elogiado por los veedores internacionales de distintos países.

Pero hay amenazas más graves, después que el ex presidente Alvaro Uribe, amparado por Washington confesara que “no había tenido suficiente tiempo de gobierno para invadir Venezuela” y luego que jefes paramilitares colombianos también mencionaran -en los juicios a los que están sometidos- que empresarios venezolanos intentaron contratar sus servicios para derrocar a Chávez y asesinarlo.

Ha habido varios intentos de magnicidio frustrados. Ya en enero de 2005, la entonces secretaria de Estado, Condoleezza Rice, dijo que Chávez era “una amenaza” para la región”. Justo después, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) colocó a Venezuela como un país “indeseable” y unos días más tarde el reverendo Pat Robertson (republicano) declaró públicamente que era mejor “asesinar” a Chávez de inmediato.

Desde entonces hasta ahora la guerra encubierta y psicológica-a través de los medios masivos y la corporación mundial- contra Chávez no ha tenido tregua y esto se advierte como una sombra bajo amenazas militares de crear alguna “rebelión popular” e introducir mercenarios por distintas fronteras como en Libia o en Siria.

¿Es Venezuela una amenaza para Washington? No, “lo que amenaza es el ejemplo de lo que se puede hacer en un país con soberanía“, dicen los trabajadores agrupados ahora en nuevas asociaciones sindicales, que no están ligadas a las patronales ni a Washington.

En 2009 el golpe en Honduras y en el 2012 el golpe de Estado parlamentario en Paraguay fueron dos mensajes para la región, Pero esta sigue y por eso los pueblos organizados en América Latina han lanzado una consigna que “toda América vota por Chávez”.

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